lunes 18 de mayo de 2009

¿Se puede esquiar en Irán?

Revolución Islámica y preconcepción de un páis desconocido

“¿Se puede esquiar en Irán? ¡Yo creía que solo había desierto!”[i] Esta es una de las preguntas que durante más de una década lleva escuchando la artista iraní Marjane Satrapi, autora de la novela gráfica Persépolis. Estas falsas aseveraciones que el mundo occidental expresaba sobre su país natal le obligaron a realizar su obra. De igual modo, viendo que la percepción que solemos tener sobre Irán, condicionada por unos medios de comunicación que únicamente ofrecen una sesgada parcela de la realidad, es incorrecta, nace este ensayo con motivo de repasar algunos de los aspectos más relevantes de este país.

Cuestiones Generales

Por hacernos una idea, parece necesario comparar lo que no conocemos con lo que tenemos presente. Irán tiene una población de más de 70 millones de habitantes, 20 más que España; su superficie es de más 1.600.000 kilómetros cuadrados mientras que España ronda los 500.000; con una superficie tan grande es lógico entender que el país se encuentra dominado por varios climas (fundamentalmente continental y subtropical) con lo que es frecuente no encontrar desierto; su forma de gobierno es la República Islámica mientras que aquí nos constituimos como monarquía parlamentaria; el producto interior bruto de Irán es el número 28 en el mundo mientras que el español se encuentra en la posición 8.

La Revolución Islámica

El 1 de abril de 1979, el pueblo de Irán da su apoyo en referéndum a la formación de la República Islámica con un 98,2 % de los votos a favor. Este dato podría resultar chocante para algunos pero hubo democracia, el pueblo eligió su forma de gobierno. Y era de las pocas veces que pudieron ejercer este derecho pues desde que Ciro I comenzara a gobernar en el año 550 a.C, la monarquía hereditaria había sido el sistema imperante.

Marjane Satrapi pone en boca de uno de sus personajes esta frase lapidaria: “En un país medio analfabeto no se puede agrupar a la gente alrededor de Marx. Lo único que puede unirla es el nacionalismo o la moral religiosa”. Con ella expresa que la elección de este sistema de gobierno se debió a la falta de cultura del país dejando caer que las elecciones estuvieron amañadas y que no tenía sentido que una revolución de izquierdas culminase en una república islámica. ¿Pero cómo llegamos a esta situación?

Debemos remontarnos a 1921 cuando un golpe de estado financiado por la URSS colocó como jefe de gobierno a Reza Han que en 1923 se consolidó como Sha (rey) con el nombre de Reza Palhevi.


“En un país medio analfabeto no se puede agrupar a la gente alrededor de Marx. Lo único que puede unirla es el nacionalismo o la moral religiosa”

Marjane Satrapi

Este abdicaría en su hijo Muhammad Reza después de ser deportado a Sudáfrica cuando los británicos invaden la cuenca petrolífera del Golfo Pérsico. Es curioso que a la par de la abdicación de un monarca a otro, el imperio británico imponga acuerdos de explotación petrolífera con el nuevo gobierno. En 1953 el nuevo Sha debe abandonar el país por la presión popular pero un nuevo golpe de estado, esta vez apoyado por EEUU, le devuelve al poder. Este hecho no le debe sentar bien al Sha pues inicia una etapa de durísima represión (llevada en su mayoría por la SAVAK, policía iraní entrenada por EEUU e Israel) en la que prohíbe sindicatos, partidos políticos y detiene a numerosos líderes opositores. Entre ellos, en 1964 el ayahtollah Jomeini es arrestado y deportado por un delito de conspiración contra el gobierno del Sha.

Teniendo en cuenta la creciente oposición y lo difícil que resultaba moverse siendo manejado en el ámbito internacional, Nikki R. Keddie en El Irán Moderno explica el porqué de la caída del Sha que llevaría al país a la celebración de elecciones: “La creciente megalomanía y autoconfianza del Sha en los años setenta no le capacitó para tratar de manera nueva y flexible con una oposición masiva inesperada, en tanto que su cáncer, los medicamentos que tomaba, y probablemente las dudas que tenía respecto a las intenciones de británicos y estadounidenses, además de su tendencia a retractarse y hundirse cuando se topaba con la oposición, le llevaban a querer nadar y guardar la ropa en sus frecuentes encuentros […] con los embajadores estadounidenses y británicos en lugar de tomar una decisión firme”[ii]

Podemos con todo esto afirmar que aparte del posible analfabetismo a la hora de la elección de gobierno, la situación del Irán actual está muy condicionada por las constantes interjecciones de terceros en busca de beneficios en la política nacional. Detrás de todos los cambios importantes parece haber otro país necesitado de bienes que no son suyos. La cuestión es ¿el régimen actual favorece a algún país?

El Gobierno Actual

Se cumplen 30 años de la Revolución Islámica, del referéndum que dio lugar a la actual constitución. El IRNA, la Agencia de Noticias de la República de Irán, confirma que la democracia iraní se aleja del concepto de democracia que tenemos en occidente. Así pues, la elección de los cargos aunque realizada por sufragio universal tiene una serie de condicionamientos.


“Estoy de acuerdo con que hay un gran abismo entre lo que hemos logrado y lo que prometimos”

Ayatollah Hossein Ali-Montazeri


El mayor cargo de la República Islámica es el de Líder Supremo de la Revolución Islámica (actualmente Alí Jamenei) y subordinados a este se encuentran los tres poderes separados: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El Líder Supremo es escogido por la Asamblea de Expertos (que sí es elegida por sufragio universal y está formada por 86 clérigos). En el caso del Presidente de la República (a día de hoy Mahmud Ahmadineyad) sí se dice que es elegido de forma directa pero el IRNA avisa: “el pueblo es citado para ello cada cuatro años para elegir a aquellas personas que reúnan los requisitos para ello según la Constitución, y que se han convertido en candidatos con el visto bueno del Consejo de Guardianes”[iii] Y el Consejo de Guardianes resultan ser seis teólogos elegidos por el Líder Supremo y seis por el Poder Judicial. De aquí podemos concluir que la separación de poderes no está tan clara y fundamentalmente que la política gubernamental está estrictamente subyugada a la religión. Así pues, la Constitución del país reafirma este último aspecto: “todas las leyes y decretos civiles, penales, fiscales, económicos, administrativos, culturales, militares, políticos y otros cualesquiera deberán ser promulgados basándose en los preceptos islámicos”.[iv] Conclusión, el gobierno se escuda en un sufragio universal supervisado y en el que la palabra pluralidad no parece tener cabida. Es decir, derecho a elegir la misma idea.

Futuro

Aún teniendo el país un régimen no favorable internacionalmente, basado en una democracia que en algunos presupuestos es irreal, Keddie advierte que el futuro de Irán debe estar en manos de su pueblo, no de terceros países: “las pasadas experiencias del país indican que los iraníes no van a permitir por mucho tiempo ni un gobierno impopular ni el control extranjero de su destino […] Incluso si los Estados Unidos apoyasen con éxito un posible derrocamiento del gobierno, los efectos a largo plazo de la interferencia en los asuntos iraníes podrían causar peores efectos que los que acaecieron en los años setenta”.


“El pueblo es citado para ello cada cuatro años para elegir a aquellas personas que reúnan los requisitos para ello según la Constitución, y que se han convertido en candidatos con el visto bueno del Consejo de Guardianes”

Agencia de Noticias de la República de Irán

Esta impresión de gobierno impopular podría verse refutada por declaraciones del Ayatollah Hossein Ali-Montazeri, uno de los líderes de la revolución, que al hacer balance de la misma dijo lo siguiente: "Estoy de acuerdo con (...) que hay un gran abismo entre lo que hemos logrado y lo que prometimos".

Percepción de Irán

Comprender realidades ajenas puede resultar sumamente complicado. Aquí debería radicar la esencia del periodismo. Es curioso, que en el caso de Irán, su celebridad en los periódicos españoles es bastante elevada pero aún así resulta difícil comprender cual es la situación. El País, por ejemplo, está obsesionado con explicar la alta política iraní, o más bien, en mostrar las declaraciones del siempre polémico presidente Ahmadineyad. Además de casos propios de películas donde vuelven a apuntarse injerencias internacionales como en “Irán condena a una periodista acusada de espiar a EEUU”[v]. Visión parcial y única sobre lo que sucede en el país. El periódico ABC, opta también por ver los entresijos entre Irán y EEUU en artículos como “EEUU. Se abre el diálogo con Irán sobre su programa nuclear”[vi].

Es lógico, fundamentalmente por motivos empresariales, que no se puede continuamente tratar de explicar la composición de un país y hacer que todo el mundo siga con entusiasmo toda la complejidad de otra cultura. Pero tampoco puede ofrecerse una única visión de una situación enmarañada. ¿No existe una oposición real dentro del país a la que pueda darse voz?


“Las pasadas experiencias del país indican que los iraníes no van a permitir por mucho tiempo ni un gobierno impopular ni el control extranjero de su destino”

Nikki Keddie


Tal vez, el periodismo debería dejar de presumir de alcanzar el imposible objetivo de la verdad y reconocer abiertamente que solo se ofrece lo más sórdido de la realidad. Para el público, la solución puede pasar por optar por la ficción que ofrece el cine, la literatura… ficción a menudo más real que puede descubrirnos que sí se puede esquiar en Irán.


[i] Satrapi, Marjane, Persépolis, Norma Editorial, Barcelona, 2007

[ii] Keddie, Nikki R., Las raíces del Irán moderno, Belcqua, Barcelona, 2006

[iii] Naderi Gueisour, M.R., Preámbulo de IRNA a la Constitución a la Constitución de la República Islámica de Irán, 2007

[iv] Capítulo 1, Principio 4º, Constitución de la República Islámica de Irán, 1979

[v] Espinosa, Ángeles, Irán condena a una periodista acusada de espiar para EEUU, El País, Teherán, 19-04-2009

[vi] Agencia EFE, EEUU. Se abre el diálogo con Irán sobre su programa nuclear, ABC, Washington, 9-4-2009

Bibliografía

- Satrapi, Marjane, Persépolis, Norma Editorial, Barcelona, 2007

- Keddie, Nikki R., Las raíces del Irán moderno, Belcqua, Barcelona, 2006

- Merino Martín, María Jesús, La República Islámica de Irán. Dinámicas socio-políticas y relevo de las élites, Los Libros de la Catarata, Madrid, 2004

- Naderi Gueisour, M.R., Preámbulo de IRNA a la Constitución a la Constitución de la República Islámica de Irán, 2007

- Tréan, Claire, Iran. Entre la amenaza nuclear y el sueño occidental, Península, Barcelona, 2006

- Capítulo 1, Principio 4º, Constitución de la República Islámica de Irán, 1979

- Espinosa, Ángeles, Irán condena a una periodista acusada de espiar para EEUU, El País, Teherán, 19-04-2009

- Agencia EFE, EEUU. Se abre el diálogo con Irán sobre su programa nuclear, ABC, Washington, 9-4-2009

Recursos Web

- http://www.elpais.com/todo-sobre/pais/Iran/IRN/

- http://www.elmundo.es/especiales/2001/06/internacional/iran/estado.html

- http://www.webislam.com/?idt=8401

- http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/17101/Las_raices_del_Iran_moderno

- http://www.abc.es/hemeroteca/historico-09-04-2009/abc/Internacional/eeuu-se-abre-al-dialogo-con-iran-sobre-su-programa-nuclear_9241789736.html

- http://www.elpais.com/articulo/internacional/Iran/condena/periodista/acusada/espiar/EE/UU/elpepiint/20090419elpepiint_8/Tes

- http://es.wikipedia.org/wiki/Ir%C3%A1n

- http://es.wikipedia.org/wiki/Espa%C3%B1a

- http://es.wikipedia.org/wiki/Asamblea_de_Expertos

- http://www.libreria-mundoarabe.com/Boletines/n%BA32%20Nov.05/IranLucesYSombrasDeUnaRevolucion.html

- http://es.wikipedia.org/wiki/Consejo_de_Guardianes

- http://www2.irna.ir/occasion/iran86/index.htm


Néstor García García

miércoles 6 de mayo de 2009

Diamantes de Sangre

El periodismo como solución a la guerra

Dicen a menudo que lo que no es nombrado no existe. Que hasta que no llega una palabra a designarle un valor, un concepto... es imposible retenerlo en la mente y, por tanto, aunque tenga una presencia física, no lo conocemos, no existe.

Más aún, podría completarse esta secuencia con que lo que es real pero no está en boca de la mayoría se difumina en el territorio de la fantasía. Se vuelve un total silencio. Y en este silencio, lo que creímos real pasa a parecer un recuerdo ficticio.


El conflicto de Sierra Leona, totalmente determinado por los Diamantes de Sangre es una verdad que ya difícilmente podemos obviar. Bueno sí, podemos hacerlo, pero ya la nombramos y, por ello, existe. Por lo que su encubrimiento solo vendría a confirmarnos lo que ya sabemos: que tenemos una tendencia humana a la hipocresía.


Lo sabemos, lo decimos pero no hacemos nada por cambiarlo, sirva esto para definirnos. Y toda esta especie de introducción para ver que papel tiene el periodismo, no ya en la resolución de conflictos, sino en el simple hecho de hacerlos existir.


No es fácil. Comencemos por el interés humano. A priori, cualquier persona está interesada en saber que le pasa a tipos como él que se están enfrentados en una guerra fraticida que posiblemente ellos tengan muy presente de épocas pasadas que resultan recientes. Se empatiza con el problema y se desea saber de él. Pero es curioso, que cuanto más se aleja de tu pueblo menor interés comienza a suscitarte. Y para tirarse de los pelos, que sí baja del ecuador no tiene nada por lo que perder tu tiempo.


Se podrán vender durante un breve espacio de tiempo historias humanas sobre sufrimiento, separación de familias, mutilaciones, pobreza... y muerte. Pero con celeridad, todo empezará a sonarnos conocido. Otra historia más sobre los pobres niños africanos, con barrigas hinchadas por pasar hambre. Cuando el periodista entra sin quererlo en el campo de los tópicos, de lo ya escuchado, el conflicto vuelve al silencio, al desinterés y, por tanto, a la inexistencia.

Esta caída es bastante sencilla pues los patrones en las guerras suelen, por desgracia, ser bastante reiterativos. Cuando, además, se está sometido a la esclavitud de la periodicidad de los medios de comunicación, en el que cada día tenemos una historia que contar aunque no exista, inevitablemente tendremos que volver a los viejos y raídos relatos.


Pero puede existir la suerte, y digo suerte de forma un tanto cínica, de que en la guerra exista una historia tan interesante y novedosa, algo que nunca antes haya sucedido, que no se haya contado pero sea real, que pueda exterminar el conflicto o, al menos, eliminar a los culpables para que esto no se repita. Esto puede ejemplificarse: en la reciente guerra de Irak, la pregunta incontestable radicaba en la justificación del conflicto. ¿Dónde se encontraban las ya míticas armas de destrucción masiva que lo originaron? La respuesta cambiaba totalmente la balanza. Pero no se encontró, ni las armas. Así pues, y tratando de no resultar maniqueos, los que antes eran malos resulta que estaban sufriendo una guerra sin motivos. Y los valedores de la democracia, con la argumentación destruida por el silencio irremediablemente se convertían en los antagonistas del filme. Que cada uno juzgue si realmente lo eran.


El caso paradigmático que hoy nos ocupa es que el alentador de la guerra civil que se dio en Sierra Leona, aquel lugar que no sabemos donde está, se produjo o continuó gracias a un producto de consumo en nuestros países desarrollados. Los diamantes.

Un bien por el que nosotros pagamos un riñón pero otros ya han pagado una mano, un alma, un familiar. Lo que se supone es la culminación absoluta del romanticismo es, sin embargo, fuente de sufrimiento de unos cuantos. Lo que se supone rojo pasión es, en realidad, rojo sangre. ¿Pero cuánta gente conocía la interconexión entre el glamour y la muerte?


Siempre ha existido la rumorología de que muchas marcas tienen, por ejemplo, a niños explotados trabajando en fábricas asentadas en el subdesarrollo. Oímos esto de lejos, pero sin la confirmación no debemos creerlo (aunque con ella puede que tampoco quisiéramos). Pero cuando el periodismo, supuesto defensor de la verdad y prácticamente único agente de una realidad verosímil, demuestra que el problema existe es entonces cuando debiera producirse el cambio. Y sí, este se produjo con la aprobación del Proceso de Kimberley (certificación que algunos periodistas han demostrado como bastante inútil).


¿Entonces, si ya hemos nombrado el problema, por qué este aún no existe? Es demencial y bastante ilógico que la gente de a pie (donde nos encontramos) siga hipotecando su sueldo de varios meses en una inutilidad que encima puede ser generada de una injusticia, de la muerte. Y que gracias a esta acción puedan estar creándose nuevos conflictos es algo que resulta, no menos, que irracional.

Por tanto, ¿Es que la credibilidad del periodismo ya no lo es? Puede que la forma imperante de narrar de esta disciplina, su búsqueda de la verdad sin matices, haya terminado acercándole más a la mentira. Pero recurrimos a los medios de comunicación, cuando nos interesa, para tratar de distinguir lo que es la realidad. ¿Es culpa del periodismo que una vez lanzada la verdad no tenga impacto? Seguramente no. Pero seguramente sí lo sea el dogma empresarial que hace posible el periodismo.


Y es que, aunque nos encontremos ante una información de una trascendencia como esta, de un trabajo que ha podido costar la vida del periodista, probablemente luego solo se le dedique un minuto entre los deportes y el tiempo. Siempre y cuando sobre ese minuto.


Podría discutirse sobre si la culpa es de los contenidos o de la demanda de los mismos, de que el público realmente desee consumir esos temas. Terminaríamos decantando que es culpa de ambos. Y podría llegarse a una conclusión: si todos los medios ofrecieran la relevancia sobre la banalidad, puede que la gente empezara a interesarse por lo trascendental y ahorráramos mucho sufrimiento. Y si no es así, tal vez, deberíamos replantearnos para qué sirve entonces el periodismo.

Néstor García

www.deformacionprofesional.org