Que fácil sería calificar la película con el femenino de su
espantoso título castellanizado, pero estaríamos frivolizando, tirando por lo fácil y no es precisamente esa la función de esta profesión.
Monstruoso, de Matt Reeves (2008), es la historia de como un grupo de amigos debe salvar a la novia de uno de ellos y huir de la ciudad antes de que un gigantesco monstruo acabe con todo. Ya sabemos que la historia no es original, que carece de cualquier atisbo de profundidad, que repite todo tipo de clichés técnicos y narrativos... y, sin embargo, es terriblemente adictiva, obscenamente espectacular y altamente emotiva.
Con un inicio tan poco atractivo para un título tan comercial, resulta que a los quince primeros minutos de relativa nadería tenemos el efecto más espectacular del filme: de la tranquilidad de la fiesta que estamos deseando abandonar surge un golpe que produce una expectación que termina por ser orgásmica con el vuelo de la cabeza de la estatua de la libertad.
En este país de las libertades y más concretamente en la ciudad que perdió las torres parece que de los primeros de quienes se debe sospechar cuando se te estropea la lavadora o te ataca un monstruo gigante de 100 metros es de los terroristas (islamistas a ser posible). Divertidos en las cavilaciones del origen de la bestia que pasan por donde siempre: ataques extraterrestres, pruebas atómicas con devastadoras consecuencias medioambientales, conspiraciones secretas del gobierno y creo que solo dejaron de mentar a los rusos... comienza a sorprender un final en el que o se pasa por el aro de la incertidumbre argumental o la película solo producirá nauseas.
Estas nauseas podrían provenir de la técnica empleada en el filme que destaca por encima de otras producciones del mismo género con un recurso que ahora está muy de moda: el plano subjetivo instrumental. Esta palabrota viene a significar que todo lo que se ve en pantalla es lo que está grabando una única cámara, en este caso de uso doméstico, que portan los personajes a lo largo de la historia. De aquí se desprende que los que graban no son profesionales, con lo que se consigue un efecto muy natural que mantiene alerta al espectador ya que muchas veces a la cámara le cuesta enfocar el centro de acción. Y como no son profesionales no se dan cuenta de que las panorámicas con tanta agresividad son bofetadas visuales que en algunos casos son muy inapropiadas.
Terminamos, como es propio, por un final abierto muy fácil, recurso que la mayoría de las veces no sale bien, pero que en este caso, no se sabe muy bien si por el ritmo, la espectacularidad de los efectos especiales o la posibilidad de una secuela, es la mejor de las soluciones.
Nota: Está crítica llega tarde como la de No es País para Viejos pero es que estaban presentadas a concurso (han quedado entre las 10 finalistas ganadoras) y hasta hoy no podía hacer uso de ellas.
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3 comentarios:
Ha merecido la espera de las críticas.
Un saludo!
Esther
Buena crítica, y también, siento, buena película. Sin muchas pretensiones técnicas, estéticas ni intelectuales. Solamente cine para entretenerse. Con puntos flacos argumentales, pero en conjunto entretenida y con buenos momentos. Evidentemente, no va a cambiar la historia del cine, pero está bien para pasar un rato ameno.
Felicidades Néstor. Saludos.
La verdad que esta película yo la disfruté como un crío, realmente me gusto si bien suscribo que tiene pocas pretensiones (bueno, aunque técnicas y estéticas un poco, no vamos a negarle su gracia de cámara subjetiva y la "belleza" de los efectos especiales, clímax total con la estatua de la libertad).
Un saludo y mil gracias por los comentarios
Néstor García
www.deformacionprofesional.org
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