miércoles 14 de mayo de 2008

La Familia Savages

No abandone a su perro en una fría carretera de un lugar cálido, él prefiere su hogar. No mate a su padre en la soledad, aunque el nunca lo recordará.

La familia Savages (2007) de Tamara Jenkins, es el reencuentro de dos hermanos, que llevan vidas distantes pero que se mantienen en contacto, debido a que su padre necesita de sus cuidados por contraer una enfermedad degenerativa.

La familia Savages es probablemente la mejor forma de tratar de entender que viven las personas cuando se enfrentan contra una enfermedad muy dura que no tiene solución. Además la muerte va rondando por los pasillos a modo de espada de Damocles que espera colgada del techo el mejor momento para atravesar a cualquiera.

Vistos en esta premisa, nos damos cuenta que está película destruye prácticamente los preceptos de los que significa contar una historia en la pantalla y parece que simplemente la cámara está colocada siempre en el mejor sitio dentro de una vida que nos disponemos a vivir. Así, transcurrimos los minutos sin artificios extraños lo que puede resultar molesto para muchos por pereza y aparente falta de ficción.

Pero este aparente vacío, se ve traicionado, por suerte, porque la directora decidió recordar que esto es cine y termina traicionándose, consiguiendo así un punto intermedio que sirve para cerrar lo que pudiera parecer totalmente bloqueado.

Ya no es que solo volvamos al cine porque todo quede definitivamente cerrado y redondo sino que se utilizan ciertos recursos muy cinematográficos que aportan un toque genial a la dirección (véase por ejemplo, la magnífica panorámica con asociación de ideas del cementerio, o el maravilloso plano de los pies, sin olvidarnos de la hermosa y forzada tranquilidad existente en la presentación de la película).

Sin embargo, pocas cosas parecen forzadas en el relato del filme y así podemos alcanzar algunas reflexiones, algunos sentimientos que abran nuestra visión de la realidad. Y es que, tener un padre que no recuerda quien eres no tiene palabras para describirse lo que es. Pero tal vez sí imágenes. En este punto, existe una especie de obligación moral que impide a la persona dejar a un padre en un asilo. Una sensación de que nadie puede cuidarlo mejor que tú y sobretodo, una penosa responsabilidad, como sí tuvieras la culpa de una situación inverosímil. Pero las irrealidades son las que conforman la realidad y precisamente la ficción del cine es la que nos las trae a la cotidianidad.

Estas irrealidades conforman ciertos momentos de comicidad impagables, tiernos, que avergüenzan pero del todo verosímiles. Y en esta comedia de muerte, o en este drama de vida, los personajes viven como nunca lo han hecho. Precisamente esta fuerza sale de unas interpretaciones soberbias tanto por parte del maestro Philip Seymour Hoffman como de la eterna secundaria pero llena de pantalla Laura Linney. Y sin olvidarnos, nunca mejor dicho, de Philip Bosco, el padre enfermo. Los tres conforman una verosimilitud genial, lo mejor sin duda alguna de una película cargada de aspectos notables.

Decía que realidad y película se funden y eso se aprecia fundamentalmente en ciertos aspectos metafóricos que resultan forzosos pero que, sin embargo, son tan didácticos y perdurables que hacen superar una posible falta de ritmo. Aunque esto parezca algo demasiado farragoso, se aprecia claramente en dos momentos: por un lado, la representación de la muerte a través de la observación de los píes. Una limpieza del alma que sobrecoge de tal modo que eriza los dedos.

Pero fundamental resulta la parábola de los ruedines. Puede parecer simplista pero es curioso que nos de más pena ver el sacrificio de un animal que el de una persona. Increíble pues, parece que no se tiene ningún tipo de vergüenza a la hora de dejar a un mayor en una residencia de ancianos a la primera de cambio. Pero y, ¿sacrificar a un perro si todavía podemos hacer algo por él, si todavía tiene mucho por lo que vivir?

Puede que la muerte siempre gane el último asalto pero la vida puede mantenerse en píe para no descubrir cuando será realmente el último.

Néstor García

www.deformacionprofesional.org

2 comentarios:

Orlando dijo...

Me pareció una película muy íntimista, acertada en cuanto a su planteamiento afectivo y con un manejo del humor muy amargo y eficiente. Una bonita manera de contar una historia real, triste y que parece que nos puede ocurrir a cualquiera. No podría decir que es mi tipo de película favorita, pero creo que es buena, bien contada y con elementos para dejarlo a uno pensando. Como siempre Néstor, felicidades por tu análisis, excelente. Saludos.

Néstor dijo...

Perfecto comentario.
Solo quiero que quede claro que está película es una de las mejores formas de comprender lo que supone una enfermedad degenerativa y encima se deja ver con una sonrisa.

Gracias por tu comentario y seguimos en contacto.

Néstor García
www.deformacionprofesional.org