lunes 18 de mayo de 2009

¿Se puede esquiar en Irán?

Revolución Islámica y preconcepción de un páis desconocido

“¿Se puede esquiar en Irán? ¡Yo creía que solo había desierto!”[i] Esta es una de las preguntas que durante más de una década lleva escuchando la artista iraní Marjane Satrapi, autora de la novela gráfica Persépolis. Estas falsas aseveraciones que el mundo occidental expresaba sobre su país natal le obligaron a realizar su obra. De igual modo, viendo que la percepción que solemos tener sobre Irán, condicionada por unos medios de comunicación que únicamente ofrecen una sesgada parcela de la realidad, es incorrecta, nace este ensayo con motivo de repasar algunos de los aspectos más relevantes de este país.

Cuestiones Generales

Por hacernos una idea, parece necesario comparar lo que no conocemos con lo que tenemos presente. Irán tiene una población de más de 70 millones de habitantes, 20 más que España; su superficie es de más 1.600.000 kilómetros cuadrados mientras que España ronda los 500.000; con una superficie tan grande es lógico entender que el país se encuentra dominado por varios climas (fundamentalmente continental y subtropical) con lo que es frecuente no encontrar desierto; su forma de gobierno es la República Islámica mientras que aquí nos constituimos como monarquía parlamentaria; el producto interior bruto de Irán es el número 28 en el mundo mientras que el español se encuentra en la posición 8.

La Revolución Islámica

El 1 de abril de 1979, el pueblo de Irán da su apoyo en referéndum a la formación de la República Islámica con un 98,2 % de los votos a favor. Este dato podría resultar chocante para algunos pero hubo democracia, el pueblo eligió su forma de gobierno. Y era de las pocas veces que pudieron ejercer este derecho pues desde que Ciro I comenzara a gobernar en el año 550 a.C, la monarquía hereditaria había sido el sistema imperante.

Marjane Satrapi pone en boca de uno de sus personajes esta frase lapidaria: “En un país medio analfabeto no se puede agrupar a la gente alrededor de Marx. Lo único que puede unirla es el nacionalismo o la moral religiosa”. Con ella expresa que la elección de este sistema de gobierno se debió a la falta de cultura del país dejando caer que las elecciones estuvieron amañadas y que no tenía sentido que una revolución de izquierdas culminase en una república islámica. ¿Pero cómo llegamos a esta situación?

Debemos remontarnos a 1921 cuando un golpe de estado financiado por la URSS colocó como jefe de gobierno a Reza Han que en 1923 se consolidó como Sha (rey) con el nombre de Reza Palhevi.


“En un país medio analfabeto no se puede agrupar a la gente alrededor de Marx. Lo único que puede unirla es el nacionalismo o la moral religiosa”

Marjane Satrapi

Este abdicaría en su hijo Muhammad Reza después de ser deportado a Sudáfrica cuando los británicos invaden la cuenca petrolífera del Golfo Pérsico. Es curioso que a la par de la abdicación de un monarca a otro, el imperio británico imponga acuerdos de explotación petrolífera con el nuevo gobierno. En 1953 el nuevo Sha debe abandonar el país por la presión popular pero un nuevo golpe de estado, esta vez apoyado por EEUU, le devuelve al poder. Este hecho no le debe sentar bien al Sha pues inicia una etapa de durísima represión (llevada en su mayoría por la SAVAK, policía iraní entrenada por EEUU e Israel) en la que prohíbe sindicatos, partidos políticos y detiene a numerosos líderes opositores. Entre ellos, en 1964 el ayahtollah Jomeini es arrestado y deportado por un delito de conspiración contra el gobierno del Sha.

Teniendo en cuenta la creciente oposición y lo difícil que resultaba moverse siendo manejado en el ámbito internacional, Nikki R. Keddie en El Irán Moderno explica el porqué de la caída del Sha que llevaría al país a la celebración de elecciones: “La creciente megalomanía y autoconfianza del Sha en los años setenta no le capacitó para tratar de manera nueva y flexible con una oposición masiva inesperada, en tanto que su cáncer, los medicamentos que tomaba, y probablemente las dudas que tenía respecto a las intenciones de británicos y estadounidenses, además de su tendencia a retractarse y hundirse cuando se topaba con la oposición, le llevaban a querer nadar y guardar la ropa en sus frecuentes encuentros […] con los embajadores estadounidenses y británicos en lugar de tomar una decisión firme”[ii]

Podemos con todo esto afirmar que aparte del posible analfabetismo a la hora de la elección de gobierno, la situación del Irán actual está muy condicionada por las constantes interjecciones de terceros en busca de beneficios en la política nacional. Detrás de todos los cambios importantes parece haber otro país necesitado de bienes que no son suyos. La cuestión es ¿el régimen actual favorece a algún país?

El Gobierno Actual

Se cumplen 30 años de la Revolución Islámica, del referéndum que dio lugar a la actual constitución. El IRNA, la Agencia de Noticias de la República de Irán, confirma que la democracia iraní se aleja del concepto de democracia que tenemos en occidente. Así pues, la elección de los cargos aunque realizada por sufragio universal tiene una serie de condicionamientos.


“Estoy de acuerdo con que hay un gran abismo entre lo que hemos logrado y lo que prometimos”

Ayatollah Hossein Ali-Montazeri


El mayor cargo de la República Islámica es el de Líder Supremo de la Revolución Islámica (actualmente Alí Jamenei) y subordinados a este se encuentran los tres poderes separados: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El Líder Supremo es escogido por la Asamblea de Expertos (que sí es elegida por sufragio universal y está formada por 86 clérigos). En el caso del Presidente de la República (a día de hoy Mahmud Ahmadineyad) sí se dice que es elegido de forma directa pero el IRNA avisa: “el pueblo es citado para ello cada cuatro años para elegir a aquellas personas que reúnan los requisitos para ello según la Constitución, y que se han convertido en candidatos con el visto bueno del Consejo de Guardianes”[iii] Y el Consejo de Guardianes resultan ser seis teólogos elegidos por el Líder Supremo y seis por el Poder Judicial. De aquí podemos concluir que la separación de poderes no está tan clara y fundamentalmente que la política gubernamental está estrictamente subyugada a la religión. Así pues, la Constitución del país reafirma este último aspecto: “todas las leyes y decretos civiles, penales, fiscales, económicos, administrativos, culturales, militares, políticos y otros cualesquiera deberán ser promulgados basándose en los preceptos islámicos”.[iv] Conclusión, el gobierno se escuda en un sufragio universal supervisado y en el que la palabra pluralidad no parece tener cabida. Es decir, derecho a elegir la misma idea.

Futuro

Aún teniendo el país un régimen no favorable internacionalmente, basado en una democracia que en algunos presupuestos es irreal, Keddie advierte que el futuro de Irán debe estar en manos de su pueblo, no de terceros países: “las pasadas experiencias del país indican que los iraníes no van a permitir por mucho tiempo ni un gobierno impopular ni el control extranjero de su destino […] Incluso si los Estados Unidos apoyasen con éxito un posible derrocamiento del gobierno, los efectos a largo plazo de la interferencia en los asuntos iraníes podrían causar peores efectos que los que acaecieron en los años setenta”.


“El pueblo es citado para ello cada cuatro años para elegir a aquellas personas que reúnan los requisitos para ello según la Constitución, y que se han convertido en candidatos con el visto bueno del Consejo de Guardianes”

Agencia de Noticias de la República de Irán

Esta impresión de gobierno impopular podría verse refutada por declaraciones del Ayatollah Hossein Ali-Montazeri, uno de los líderes de la revolución, que al hacer balance de la misma dijo lo siguiente: "Estoy de acuerdo con (...) que hay un gran abismo entre lo que hemos logrado y lo que prometimos".

Percepción de Irán

Comprender realidades ajenas puede resultar sumamente complicado. Aquí debería radicar la esencia del periodismo. Es curioso, que en el caso de Irán, su celebridad en los periódicos españoles es bastante elevada pero aún así resulta difícil comprender cual es la situación. El País, por ejemplo, está obsesionado con explicar la alta política iraní, o más bien, en mostrar las declaraciones del siempre polémico presidente Ahmadineyad. Además de casos propios de películas donde vuelven a apuntarse injerencias internacionales como en “Irán condena a una periodista acusada de espiar a EEUU”[v]. Visión parcial y única sobre lo que sucede en el país. El periódico ABC, opta también por ver los entresijos entre Irán y EEUU en artículos como “EEUU. Se abre el diálogo con Irán sobre su programa nuclear”[vi].

Es lógico, fundamentalmente por motivos empresariales, que no se puede continuamente tratar de explicar la composición de un país y hacer que todo el mundo siga con entusiasmo toda la complejidad de otra cultura. Pero tampoco puede ofrecerse una única visión de una situación enmarañada. ¿No existe una oposición real dentro del país a la que pueda darse voz?


“Las pasadas experiencias del país indican que los iraníes no van a permitir por mucho tiempo ni un gobierno impopular ni el control extranjero de su destino”

Nikki Keddie


Tal vez, el periodismo debería dejar de presumir de alcanzar el imposible objetivo de la verdad y reconocer abiertamente que solo se ofrece lo más sórdido de la realidad. Para el público, la solución puede pasar por optar por la ficción que ofrece el cine, la literatura… ficción a menudo más real que puede descubrirnos que sí se puede esquiar en Irán.


[i] Satrapi, Marjane, Persépolis, Norma Editorial, Barcelona, 2007

[ii] Keddie, Nikki R., Las raíces del Irán moderno, Belcqua, Barcelona, 2006

[iii] Naderi Gueisour, M.R., Preámbulo de IRNA a la Constitución a la Constitución de la República Islámica de Irán, 2007

[iv] Capítulo 1, Principio 4º, Constitución de la República Islámica de Irán, 1979

[v] Espinosa, Ángeles, Irán condena a una periodista acusada de espiar para EEUU, El País, Teherán, 19-04-2009

[vi] Agencia EFE, EEUU. Se abre el diálogo con Irán sobre su programa nuclear, ABC, Washington, 9-4-2009

Bibliografía

- Satrapi, Marjane, Persépolis, Norma Editorial, Barcelona, 2007

- Keddie, Nikki R., Las raíces del Irán moderno, Belcqua, Barcelona, 2006

- Merino Martín, María Jesús, La República Islámica de Irán. Dinámicas socio-políticas y relevo de las élites, Los Libros de la Catarata, Madrid, 2004

- Naderi Gueisour, M.R., Preámbulo de IRNA a la Constitución a la Constitución de la República Islámica de Irán, 2007

- Tréan, Claire, Iran. Entre la amenaza nuclear y el sueño occidental, Península, Barcelona, 2006

- Capítulo 1, Principio 4º, Constitución de la República Islámica de Irán, 1979

- Espinosa, Ángeles, Irán condena a una periodista acusada de espiar para EEUU, El País, Teherán, 19-04-2009

- Agencia EFE, EEUU. Se abre el diálogo con Irán sobre su programa nuclear, ABC, Washington, 9-4-2009

Recursos Web

- http://www.elpais.com/todo-sobre/pais/Iran/IRN/

- http://www.elmundo.es/especiales/2001/06/internacional/iran/estado.html

- http://www.webislam.com/?idt=8401

- http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/17101/Las_raices_del_Iran_moderno

- http://www.abc.es/hemeroteca/historico-09-04-2009/abc/Internacional/eeuu-se-abre-al-dialogo-con-iran-sobre-su-programa-nuclear_9241789736.html

- http://www.elpais.com/articulo/internacional/Iran/condena/periodista/acusada/espiar/EE/UU/elpepiint/20090419elpepiint_8/Tes

- http://es.wikipedia.org/wiki/Ir%C3%A1n

- http://es.wikipedia.org/wiki/Espa%C3%B1a

- http://es.wikipedia.org/wiki/Asamblea_de_Expertos

- http://www.libreria-mundoarabe.com/Boletines/n%BA32%20Nov.05/IranLucesYSombrasDeUnaRevolucion.html

- http://es.wikipedia.org/wiki/Consejo_de_Guardianes

- http://www2.irna.ir/occasion/iran86/index.htm


Néstor García García

miércoles 6 de mayo de 2009

Diamantes de Sangre

El periodismo como solución a la guerra

Dicen a menudo que lo que no es nombrado no existe. Que hasta que no llega una palabra a designarle un valor, un concepto... es imposible retenerlo en la mente y, por tanto, aunque tenga una presencia física, no lo conocemos, no existe.

Más aún, podría completarse esta secuencia con que lo que es real pero no está en boca de la mayoría se difumina en el territorio de la fantasía. Se vuelve un total silencio. Y en este silencio, lo que creímos real pasa a parecer un recuerdo ficticio.


El conflicto de Sierra Leona, totalmente determinado por los Diamantes de Sangre es una verdad que ya difícilmente podemos obviar. Bueno sí, podemos hacerlo, pero ya la nombramos y, por ello, existe. Por lo que su encubrimiento solo vendría a confirmarnos lo que ya sabemos: que tenemos una tendencia humana a la hipocresía.


Lo sabemos, lo decimos pero no hacemos nada por cambiarlo, sirva esto para definirnos. Y toda esta especie de introducción para ver que papel tiene el periodismo, no ya en la resolución de conflictos, sino en el simple hecho de hacerlos existir.


No es fácil. Comencemos por el interés humano. A priori, cualquier persona está interesada en saber que le pasa a tipos como él que se están enfrentados en una guerra fraticida que posiblemente ellos tengan muy presente de épocas pasadas que resultan recientes. Se empatiza con el problema y se desea saber de él. Pero es curioso, que cuanto más se aleja de tu pueblo menor interés comienza a suscitarte. Y para tirarse de los pelos, que sí baja del ecuador no tiene nada por lo que perder tu tiempo.


Se podrán vender durante un breve espacio de tiempo historias humanas sobre sufrimiento, separación de familias, mutilaciones, pobreza... y muerte. Pero con celeridad, todo empezará a sonarnos conocido. Otra historia más sobre los pobres niños africanos, con barrigas hinchadas por pasar hambre. Cuando el periodista entra sin quererlo en el campo de los tópicos, de lo ya escuchado, el conflicto vuelve al silencio, al desinterés y, por tanto, a la inexistencia.

Esta caída es bastante sencilla pues los patrones en las guerras suelen, por desgracia, ser bastante reiterativos. Cuando, además, se está sometido a la esclavitud de la periodicidad de los medios de comunicación, en el que cada día tenemos una historia que contar aunque no exista, inevitablemente tendremos que volver a los viejos y raídos relatos.


Pero puede existir la suerte, y digo suerte de forma un tanto cínica, de que en la guerra exista una historia tan interesante y novedosa, algo que nunca antes haya sucedido, que no se haya contado pero sea real, que pueda exterminar el conflicto o, al menos, eliminar a los culpables para que esto no se repita. Esto puede ejemplificarse: en la reciente guerra de Irak, la pregunta incontestable radicaba en la justificación del conflicto. ¿Dónde se encontraban las ya míticas armas de destrucción masiva que lo originaron? La respuesta cambiaba totalmente la balanza. Pero no se encontró, ni las armas. Así pues, y tratando de no resultar maniqueos, los que antes eran malos resulta que estaban sufriendo una guerra sin motivos. Y los valedores de la democracia, con la argumentación destruida por el silencio irremediablemente se convertían en los antagonistas del filme. Que cada uno juzgue si realmente lo eran.


El caso paradigmático que hoy nos ocupa es que el alentador de la guerra civil que se dio en Sierra Leona, aquel lugar que no sabemos donde está, se produjo o continuó gracias a un producto de consumo en nuestros países desarrollados. Los diamantes.

Un bien por el que nosotros pagamos un riñón pero otros ya han pagado una mano, un alma, un familiar. Lo que se supone es la culminación absoluta del romanticismo es, sin embargo, fuente de sufrimiento de unos cuantos. Lo que se supone rojo pasión es, en realidad, rojo sangre. ¿Pero cuánta gente conocía la interconexión entre el glamour y la muerte?


Siempre ha existido la rumorología de que muchas marcas tienen, por ejemplo, a niños explotados trabajando en fábricas asentadas en el subdesarrollo. Oímos esto de lejos, pero sin la confirmación no debemos creerlo (aunque con ella puede que tampoco quisiéramos). Pero cuando el periodismo, supuesto defensor de la verdad y prácticamente único agente de una realidad verosímil, demuestra que el problema existe es entonces cuando debiera producirse el cambio. Y sí, este se produjo con la aprobación del Proceso de Kimberley (certificación que algunos periodistas han demostrado como bastante inútil).


¿Entonces, si ya hemos nombrado el problema, por qué este aún no existe? Es demencial y bastante ilógico que la gente de a pie (donde nos encontramos) siga hipotecando su sueldo de varios meses en una inutilidad que encima puede ser generada de una injusticia, de la muerte. Y que gracias a esta acción puedan estar creándose nuevos conflictos es algo que resulta, no menos, que irracional.

Por tanto, ¿Es que la credibilidad del periodismo ya no lo es? Puede que la forma imperante de narrar de esta disciplina, su búsqueda de la verdad sin matices, haya terminado acercándole más a la mentira. Pero recurrimos a los medios de comunicación, cuando nos interesa, para tratar de distinguir lo que es la realidad. ¿Es culpa del periodismo que una vez lanzada la verdad no tenga impacto? Seguramente no. Pero seguramente sí lo sea el dogma empresarial que hace posible el periodismo.


Y es que, aunque nos encontremos ante una información de una trascendencia como esta, de un trabajo que ha podido costar la vida del periodista, probablemente luego solo se le dedique un minuto entre los deportes y el tiempo. Siempre y cuando sobre ese minuto.


Podría discutirse sobre si la culpa es de los contenidos o de la demanda de los mismos, de que el público realmente desee consumir esos temas. Terminaríamos decantando que es culpa de ambos. Y podría llegarse a una conclusión: si todos los medios ofrecieran la relevancia sobre la banalidad, puede que la gente empezara a interesarse por lo trascendental y ahorráramos mucho sufrimiento. Y si no es así, tal vez, deberíamos replantearnos para qué sirve entonces el periodismo.

Néstor García

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viernes 24 de abril de 2009

The Spirit

Dicen que escribir un artículo negativo sobre una película es lo que más nos gusta a los críticos. Lo más fácil de escribir y divertido de leer según el maestro Ego. Lo primero no debería ser verdad.


The Spirit (2008) de Frank Miller es la adaptación cinematográfica del cómic de Will Eisner. No sé como será la novela gráfica pero por su bien esperemos que este filme sea su pésima adaptación. La película narra como un detective que no puede recibir daños físicos tiene que investigar un robo y a la vez enfrentarse a su archienemigo el Dr. Octopus.


Sí, partimos de una premisa muy sencilla que realmente no tiene más trasfondo que lo narrado hasta ahora. Y el poco interés que pudiera tener el pasado de sus personajes o la resolución de su misterio se pierde nada más ver que nada tiene gracia.


Pero hemos visto muchas películas que con un planteamiento tan simple como este se han convertido en obras maestras (o bueno, casi). ¿Cuál es su problema entonces? Fundamentalmente el supuesto humor del que quiere hacer gala el filme. Pero es que es una comedia tan infantil que hasta a los niños se lo parecerá.


Y esto es lo que más te despega de la pantalla. Es posible que no sepa encontrar el género adecuado. Arranca como un filme negro, mezclado con superhéroes, tipo Watchmen, pero enseguida se desinfla con unos diálogos imbéciles y unos chistes de ingenio que no lo tienen.

Todo esto produce mucho más dolor cuando te das cuenta de que la película tiene una factura técnica y estilística impresionante. Bebiendo mucho de Sin City (tal vez hayamos descubierto quien fue el verdadero genio tras esta obra), la cámara suele estar bien colocada y el juego blanco y negro con el toque de color de la corbata roja es una delicia.


Y aguantamos hasta el final por un magnífico Samuel L.Jackson que aún teniendo un personaje que carece de muchas cosas nos otorga perlas como el discurso vestido de nazi (¿el único momento en el que te ríes de verdad?).


Una gran decepción después de un buen trailer (que engañosos pueden llegar a ser). Una pena que Frank Miller fracase en su estreno como director. Una desgracia desaprovechar un estilo impecable en manos de un guión idiotizante y carente de valor. Una puñetera pérdida de tiempo escribir esta crítica ante algo tan insustancial. Perdona por estafar tu tiempo.

Néstor García

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miércoles 22 de abril de 2009

El Luchador

El tiempo pasa por todos. Malvado ente que se empeña en vernos fracasar.


El luchador (2009) es la última obra del curioso e irregular realizador Darren Aronofsky (reto a quien sea a escribir el apellido a la primera). La película nos cuenta como es la vida de una antigua estrella de lucha libre venida a menos.


Sé lo que puede parecer esto en un principio: que nos encontramos ante la típica película de auge, caída y auge. Un biopic al uso con drogas de por medio y moralina en vaso de tubo. Pero no: es un filme decadente de caída, caída y más caída. Y solo los más pervertidos vemos en realidad donde pudiera estar el auge.


El Luchador goza de una sutilidad solo propia en los mejores que exprimen los peores medios para alcanzar grandes obras. Sutil pues toca el tema de las drogas, pero no es ese el problema del protagonista y no por ello debemos tratarlo como apestado. Sutil, de nuevo, porque trata la redención con familiares inexistentes por motivos que no entendemos. Y la solución no pasa por la reconciliación sino que los descuidos sin mala intención de personajes nada maniqueos, llevan a conclusiones realistas donde el perdón es imposible (ni para el Mismísimo).


Y así da gusto, sin buenos ni malos, simplemente personas que tratan de hacer algo con lo que les queda. Dos personas con carencias idénticas en estados diferentes se unen en un momento mágico. A una le hace falta un padre para su hijo, al otro la segunda oportunidad para recuperar una vida alejada del ring. Pero es una pena que la vida no se base en comedias románticas y que la pérdida de una oportunidad, la imposibilidad de atreverse a cambiar las cosas no permita segundos pases.


Cuando se concede esta segunda vuelta, porque la salud impide evitar el fracaso, no tiene porque ser una mejor solución. Ni por muchas ganas que se le ponga. Acabar hasta los cojones de una oportunidad que no deseas es más que factible. Y eso puede hacerte perder un dedo.


Con un dedo menos es complicado dedicarse a la lucha libre. Mundo maravillosamente representado en el filme, que con frialdad retrata una forma de hacer teatro, combinarla con el deporte y hacer las delicias de sus fans. Tan sencillo, como mostrar a la gente que participa en ello. Normales, como cualquiera, con un trabajo con la necesidad de triunfar, como en todos. Un retrato genial para ver lo que hay detrás de un espectáculo que a priori puede no ser de nuestro gusto.

Además, la firma técnica nos da lo que comento. Peleas desgarradoras con una cámara siempre bien colocada, fabulosamente montadas con pasado presente para comprender la situación. Todo con un sentido de la belleza desde la nada muy difícil de conseguir si se va buscando. Detalle personal, perseguir durante muchas secuencias al protagonista desde un travelling en la espalda (técnica muy similar a la empleada en Elephant). Puede que sea la imposibilidad de conocer a nuestro luchador y aumentar así la sutilidad del relato, lo complejo que es saciar a los espectadores de miserias y lo vacío que esto puede resultar si trata de realizarse.


Aunque el filme no alcance la perfección (aunque cuanto más se piensa en él, gusta mucha más) si parecen conseguirlo sus interpretes. Mickey Rourke está... como decirlo... inmejorable (¿cuándo dejará de decir la crítica que ha resurgido de sus cenizas?). Con un personaje complejo que no debe mostrarse al completo. Merecedor absoluto del Oscar que no se le concedió. Pero además, la réplica se la otorga una Marisa Tomei, que aparte de pasarse desnuda gran parte de la película, plasma con brillantez la horma imposible de corresponder del luchador. ¡Marco ya! para la secuencia de su baile con primer plano cargadísimo de matices. Reitero, merecedora absoluta del Oscar que no se le otorgó (¿sigo siendo el único en España que piensa que la interpretación de Penélope Cruz que le valió el Oscar es de lo más banal y accesoria? Tened en cuenta que siento veneración por Allen, que nadie se lleve a equívocos).

Dejo para el final lo que tal vez debiera ocupar el principio. El tema capital podría ser el paso del tiempo. Paso que ha hundido a los personajes. Ya no tienen salud, ya no tienen belleza, ya no tienen necesidad. Y aún así, algunos siguen queriendo luchar, otros se atreven demasiado tarde a hacerlo y prácticamente todos pierden la batalla. Magnífica forma de expresarlo con el tema de los videojuegos de uno y de otro.


Pero bueno, puede que estemos ante un final feliz, insisto pervertido. No podemos saber exactamente como termina la película, ni muchos caminos. Lo miremos como lo miremos, seguramente mal. Pero, al menos, encima del escenario.

Néstor García

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domingo 12 de abril de 2009

Watchmen

Al final va a ser verdad que seremos los periodistas los que traigamos el Apocalipsis.

Watchmen, de Zack Snyder, es el arreglo a la pantalla del cómic homónimo firmado por Alan Moore y Dave Gibbons (novela gráfica que dejaremos de lado pues la crítica no debe meterse en cuestiones de adaptación). La película narra como un grupo de superhéroes retirados debe ponerse en contacto tras el asesinato de uno de ellos.


Snyder firma uno de los filmes más pervertidos a la par que geniales de los últimos años. Que nadie se lleve las manos a la cabeza, es que estamos hablando de cine comercial y el dogma nos dice que el dinero no suele congeniar con propuestas de riesgo. Hablo de perversión en muchos niveles: violencia desmedida explícita pero justificada, con toques de gore, más.... redoble de tambores: sexo. Pero hasta aquí solo citamos la apariencia pues el guión no se libra de corruptela: ética doliente sobre la justificación del fin sobre los medios que nos otorga un happy end que el público complaciente y moralista acepta como si nada. Pero la película se guarda un as devolviendo la moral a su sitio, condenando el pecado pero otorgándonos un final no feliz en el que el periodismo destruye a la humanidad. Tamaña y depravada paradoja con un giro de guión la mar de ingenioso.


Pero las ideas aparecen desde el principio con unos títulos de crédito iniciales que deberían ser enmarcados en cualquier museo de categoría, donde se da un repaso alternativo a la historia estadounidense. Si a esa altura no te has quitado el sombrero, los efectos especiales harán que salte de tu cabeza. Impresionante la destrucción de Nueva York y nuevo escándalo si, sospechosamente, se parece demasiado a la zona cero del Wolrd Trade Center. Y si aún así, como drogodependiente cinéfilo, necesitas más echa un vistazo al increíble homenaje que recibe Kubrick y su Teléfono Rojo. Por cierto, ¿alguien puede decir en qué género encasillamos esta película?


Ya que mentamos a Kubrick, Watchmen goza de una complejidad inusitada tanto técnica, ideológica, como narrativa. Esta última, optando por flashbacks no continuos o rupturas curiosas de la linealidad, puede conseguir que nos cueste muy mucho entrar en la película. Bien es cierto que esto puede producirse por no ser un producto demasiado convencional.


Como no es convencional su planteamiento sobre el efecto mariposa (dícese: el aleteo de una mariposa en Tokio puede producir un Tsunami en Barcelona, por ejemplo), frase para la prosperidad la de como la vida surge de millones de combinaciones que se tienen que dar de una forma precisa o sí no otorgarían a la realidad otra cosa. Y eso lo trastocaría todo.


Y sí, las combinaciones pueden haber conseguido dar vida a una obra maestra del cine comercial.

Néstor García García

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Revolutinary Road

¿Has sentido alguna vez la necesidad de morir? Revolutionary Road de Sam Mendes es una buena película que, tal vez no alcance la excelencia, pero que su visionado tiene un trasfondo sumamente atractivo. El filme narra como a una pareja, harta de sus rutinas y vidas insulsas, se les presenta la oportunidad de dar un cambio radical. Su desarrollo es: ¿es la hora de trasformarse?


Tal metamorfosis se plasma sin excesivos dramatismos, con un ritmo bien traído (salvo hacia el final de la historia) y su desarrollo es lógico. Una vida entre cientos de miles, simple y aburrida, que obliga a sus protagonistas a tomar decisiones amorales que ponen en peligro la estabilidad de la pareja. Todo causado por el fracaso de ambos, por la ruptura de los sueños de juventud que rara vez se cumplen. Llegado a un punto crítico, quiere la ocurrencia, el poder romper con todo. Pero para ello hay que desprenderse de muchas cosas que se creen vitales. Básicamente, de la seguridad o, mejor dicho, de la inseguridad a la que te obliga a vivir la represión de la costumbre.


Y tal vicio es el que obliga a, sin querer tenerlo, no desprendernos de él aún a sabiendas de que la incertidumbre pueda ser una de las cosas más valiosas que se puedan poseer. Solo los locos parecen entender todas estas verdades y por ellas se les considera así.


El problema está en que cuando uno se vuelve loco pero tu otra mitad no está convencida de ello pocas salidas te quedan ya. Y más cuando esas únicas carreteras son irracionales. Conclusión, ¿has sentido alguna vez la necesidad de morir? No se nos plantea en imagen un accidente sino una clara idea de terminar aunque sí podría interpretarse, en el último minuto, el arrepentimiento, más por la necesidad de sobrevivir que por cuestionamientos morales que a la hora de la verdad son mentira.

No falseamos nada si afirmamos que Mendes no alcanza la rotundidad técnica, fotográfica e incluso pictórica de otras de sus obras (ni las rosas de American Beauty, ni la impresionante lluvia de Camino a la Perdición, o las composiciones petroleras de Jarhead). Aunque no olvida quién es, tanto en el paralelismo monotonía contra felicidad, montado por igual, o la escena de la sangre, imagen imborrable.


Pero para no desilusionarnos, las actuaciones llenan sobremanera lo que pudiera faltar, con un DiCaprio correcto (en un papel poco agradecido) y una Winslet fuera de órbita. Quien sería el tonto que insinuó que esto podría ser una secuela de Titanic.


Lo que no es fácil asegurar, si se hunde o no, es la escena final. Muy alejada del esquema narrativo que se plantea pero genial en cuanto a mostrar una idea demoledora y casi indiscutible. Esto es, la única forma de ser feliz es no escuchar a la realidad.

Néstor García García

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sábado 7 de febrero de 2009

Camino


Mr.Beebles tiene un problema. Lo sabe todo de todo el mundo y puede hacer lo que se le antoje. El problema es que no existe.


Camino de Javier Fesser (2008), es una gran película muy especial en bastantes sentidos. Camino es la historia ficcionada de un caso real de una niña ligada al Opus Dei que al sufrir un cáncer es utilizada en beneficio de dicha organización.


Es lógico, que a partir de aquí pensemos que es una película horriblemente politizada que solo gustara a los judíos rojos y masones... Tal vez lo sea, pero no se debe negar la calidad del relato, ideologías, filosofías y espiritualidades aparte.


Fesser compone un relato que aún cayendo a veces en un exceso de sentimentalismo puro y duro, y tal vez no manejando bien el ritmo hacia el final del metraje, es sumamente atractiva, rabiosamente profunda e increíblemente imaginativa.


En un principio, la historia está concebida como un cuento para niños, para transformarse en una visión surrealista (probablemente lo mejor y más espectacular del filme), terminando con un surrealismo que lidia de forma extraña entre el blanco y el negro.


El infantilismo hace que el público se enganche convirtiéndola en la mar de accesible, y cogiendo a la gente por la pechara hasta el fin. Pero ganado esto, se opta por la dificultad del mundo onírico, jugada de riesgo, pero sin duda por lo que la película será recordada.


Y cuando los sueños entran en la realidad y se entremezclan las alucinaciones con lo perceptible, comienzan las divagaciones sobre la fe y un sinfín de analogías la mar de atractivas. Véase el caso, de confundir a Jesucristo con el amor de infancia de nombre Jesús. Eso permite desencadenar una serie de confusiones que, partiendo de una premisa la mar de errónea, crea una argumentación que racionalmente es indefendible pero que sentimentalmente resulta indestructible (o así se defienden muchos en ese término tan... tan... ¿¡abstracto!? Denominado Fe).

Sentimentalmente Dios resulta una creación que puede resumirse de forma tan sencilla como un hombre que lo conoce y lo puede todo pero que tiene un problema: solo existe en la imaginación de los que piensan en él. Esto es toda una frustración pues pudiéndolo todo las cosas están bastante...jodidas.


El problema radica en que cuando una imaginación particular se regulariza y se impone como criterio ejemplificador puede causar muchos daños. Cierto es que aún resultando bálsamo de mentes atormentadas y necesitadas de esperanza, nos encontramos ante el problema de otorgarle a una cabeza no definida (si bien es verdad que uno nunca termina de definirse), la de un niño, un miedo y una visión subyugada de la vida ante la posibilidad de un beneficio muerto indemostrable.


Si todo esto lo exageramos entraríamos ya a hablar del Opus Dei que ,como la religión católica y no lo olviden parte legal totalmente permitida por la misma (es decir, no estamos hablando de una secta aunque sería para estudiarlo), se aprovecha de la ignorancia. Y aquí podríamos entrar a hablar de cuál es la actitud o el motivo que impulsa a la madre (una magnífica y muy odiable Carmen Elías): ¿tradición?, ¿ignorancia?, ¿la necesidad de destacar en un determinado entorno social y familiar?; o porqué el padre (un carismático e inolvidable Mariano Venancio) es tan permisivo ante todo y se deja dominar ante tanta falta de criterio.

Pero además vemos como una niña (increíble como se carga Nerea Camacho la película a las espaldas con tanta convicción) es coartada de su infancia por unos ideales y, niña ella, acepta por la confianza que genera su madre como madre que es. Evolución que se convertirá en duda por la pasividad de su Dios ante la situación. Duda y miedo que transformaran a su ángel de la guarda en todo un cáncer espiritual. Y se debe nombrar, también, a una de las actrices con mayor proyección de la península, Manuela Vellés (a la que pudimos disfrutar en la discutible pero interesante Caótica Ana), demostración de la ignorancia manipulada hasta el punto del miedo vital en pos del beneficio de una organización machista y medieval.


El punto sublime de la película llega con el final (y también su mayor falta de ritmo). Y es que resulta superlativo las comparaciones entre la religión y el teatro. Aquí el montaje juega un papel fundamental alternando la ficción, la enfermedad y el teatro y rematado con un aplauso final que engloba todo, la muerte, el triunfo de la estupidez y el fin de la obra. Pero lejos de rematar con este aplauso final, Fesser decide hacer una genialidad técnica y temática: utilizando cinta de Super 8, consigue grabar la visión del mismísimo Dios que tiene camino en el Hospital. Parece que no se nos va a mostrar lo que la cámara ha tomado y sin embargo en un último cortometraje de lo que se ha ido grabando durante toda la historia, en el último fotograma, en la esquina de la habitación de Camino no hay absolutamente nada. Una nada decepcionante y orgásmica.



Néstor García
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